martes, 27 de octubre de 2015

Coroplastia : los juguetes de hilero, una tradición murciana. Historia de un exvoto romano de barro.



Coroplastia : los juguetes de hilero, una tradición murciana. Historia de un exvoto romano de barro.

                 
Por coroplastia (del griego koré, muñeca, y plassein, formar) entendemos el arte de fabricar figurillas o relieves de barro modelándolos y cociéndolos, y a quien esto hace le llamamos coroplasta.
Pequeños modelados, trabajos humildes y artesanales con barro, funcionales o no, se pierden en la noche de los tiempos. Han acompañado al hombre desde antes del Neolítico, y desde entonces y hasta hace unas décadas, con la competencia del plástico, han estado presentes en nuestros hogares, en acontecimientos como romerías y fiestas y, muy especialmente, en lugares de culto, como imágenes religiosas o como exvotos.

                                           Exvotos de terracota. El caballito es intemporal.

Juguetes con formas humanas o animales, de construcciones, de barcos, silbatos, pequeños ajuares domésticos, representaciones de deidades para el culto doméstico, ofrendas para el santuario, quemaperfumes o pebeteros, lamparillas de aceite, lucernas o candiles... una producción rica y variada que nos acerca a un legado cultural milenario, la coroplastia.

                                                Caballito ibérico del Cigarralejo de Mula.

                                 Caballito califal de Denia. Cerámica con vidriado de cobre.

Siguiendo a Daniel Serrano Várez, en su publicación El Hilero, (Revista Cangilón, Murcia), quisiera presentar unas notas al respecto.
El hilero o trapero, nos cuenta, “era una persona, hombre o mujer, aunque abundaban los primeros, que recorría las calles con un carretón que empujaba con las manos; a las varas iba atada una soga, que se colocaba detrás del cuello con lo que se ayudaba a soportar el peso y sujetaba el carretón cuando soltaba las manos. Sobre el carretón llevaba la mercancía que consistía en piezas para el ajuar casero como platos, fuentes, vasos y tazas, o juguetes para los críos, como bolas de barro o de cristal, tiras de mixtos de trueno, molinicos de papel, pelotas de trapo con forro de gutapercha, flautas de caña y figuritas de barro...



                                                  Cabecitas ibérica y púnica. Terracota.

Se paraban en esquinas estratégicas para hacerse ver y oír por el mayor número de personas posibles y gritaban: "Niñicos, niñicas, por trapos y alpargates". Así lo recuerda un amigo de su infancia en Cieza. Su actividad comercial consistía en cambiar su mercancía por trapos y alpargates (calzado más usual en aquellos años), que posteriormente vendían a una fábrica.” Trapos viejos y alpargatas usadas, claro, para hacer borra para los colchones y estopa con el cáñamo de las suelas, o combustible para la fábrica de seda de San Antón, en Murcia. Francisco Vigueras contó en una entrevista a La Verdad de Murcia que también la hojalata era objeto de trueque, especialmente las latas que llevaban estaño, además del vidrio, y nos informó de dónde y cómo se fabricaban estas figuritas.

                       Exvotos ibéricos de terracota de La Serreta de Alcoy. Reproducciones.

Las figuras de barro, de pequeño tamaño, estaban hechas con arcilla por dos procedimientos: con moldes y a mano; las primeras resultaban huecas y las segundas macizas. Una vez secadas al sol, con barro del río Segura, pues cerca del barrio murciano de Vistabella estaba el obrador donde se producían, y pintadas las de mejor calidad, se introducían a un horno donde se sometían a una cocción a elevada temperatura, con lo que adquirían una gran consistencia; posteriormente, en contados casos, se les añadía algún aditamento: coronas, abanicos, espejos, etc. Quizá la tradición belenista murciana tiene mucho que ver con esta producción artesanal de juguetes.

                             Lucerna paleocristiana y su molde. Coroplastia funcional romana.

Siempre moldes sencillos, bivalvos, que utilizan el recurso de pegar los antebrazos al cuerpo y superponer las manos a las muñecas de la figura, cerrando el espacio entre las piernas con un vástago o apoyo de modo que la compacidad garantice la resistencia a romperse en las partes más frágiles, recursos que han pervivido desde la antigüedad en la coroplastia popular.

Exvoto romano. Las piernas quedan unidas por una especie de basa y el artesano  evita la dificultad de obtenerlas del molde separadas, ganando en resistencia.
                   Figura romana del museo de Aguilas. Nótese la ejecución descrita de brazos y manos.

Serrano presenta en su trabajo tres figuritas recuperadas por él, y aquí mostramos dos, seguramente de los mismos moldes: una niña y un caballo, si bien macizas y policromadas post cocción. El valor de esta tradición estriba a mi entender en dos cosas: que es algo antiquísimo en nuestra cultura, y que esos pequeños objetos de trueque eran de los escasos juguetes accesibles a los niños en una economía de subsistencia, por lo que, en su simplicidad, están llenos de alma, de evocación de tardes de juegos, de nostalgia.

                              Molde univalvo sencillo para aplicaciones plásticas, y su impronta.

Molde y punzones para fabricar piezas que luego se bañaban en sigillata. la tarea de preparar los punzones y moldes correspondía a coroplastas especializados.

                      Positivo o relieve del estampillado visto. La pieza ya está bañada y cocida.

¿Y cuál es la historia del exvoto romano de barro? Hoy puede verse, en las vitrinas de un Museo Arqueológico, doy fe sin decir en cuál, la misma figurita de muñeca que aquí presentamos. Un
juguete de hilero catalogado como exvoto romano. No sé si algún coroplasta copió un exvoto hallado en alguna parte, quién sabe, o más probable, si esa muñequita de hilero, ya perdidos sus vivos pero frágiles pigmentos, desconcierta al más experto, pues su materia, su forma, los recursos del artesano... son iguales a como fueron. 




 Juguetes de hilero de terracota: caballito y muñeca, policromados post cocción. Obsérvese el recurso ya descrito en brazos y manos de la muñeca.  Compárese el caballito con el ibérico y el califal presentados.


 Pitorros o terminaciones modeladas en la cerámica hispano árabe.



Cabecitas ibéricas de terracota.

Saque cada cual su conclusión. La mía es que cuando vea una figurita popular de belén, de terracota, de esas sencillas, algo toscas, la admiraré y disfrutaré, pues sé que la habrán tocado con sus manos niños ilusionados durante, quizás, muchas generaciones.


viernes, 16 de octubre de 2015

La cerámica ibérica de La Alcudia de Elche, una riqueza inagotable como fuente de conocimiento no desvelado.


La cerámica ibérica de La Alcudia de Elche, una  riqueza inagotable como fuente de conocimiento no desvelado.

La Alcudia de Elche, solar ibérico que luego llamaron Illici los romanos, ha deparado a la arqueología ibérica muchas riquezas: al abandonarse coincidiendo con la llegada de los árabes a la península, se convirtió en un páramo que encerraba, sin construcciones encima, siglos de ocupación ininterrumpida de una pequeña elevación sobre el fértil terreno circundante, rico en humedales con abundantes caza y pesca.

Plato ibérico de Elche. Decoración geométrica. la cerámica funcional convive en La Alcudia con otras de claro sentido ritual, singulares. Un plato como este puede proceder de muy distintos yacimientos de cronología antigua.

 
Cantera de la nueva y próxima población medieval, la vieja capital contestana, bajo los niveles agrícolas, encerraba la obra más perfecta, bella y representativa de la cultura ancestral ibérica, la Dama, además de otros restos escultóricos del mayor interés. Arqueológicamente se ha destacado esta potencialidad del yacimiento para obtener secuencias estratigráficas completas, al menos de la edad de Hierro.

 Pervivencia del estilo indígena ya en época de la colonia romana.

Sin embargo me parece a mí que no se le ha dado todavía el valor que tiene a la única y singularísima colección de cerámica ibérica. Es cierto que los autores han definido un estilo personal, denominado Elche-Archena, también lo es que en otros cercanos yacimientos contestanos se han hallado cerámicas decoradas en el estilo ilicitano, cuando no del mismo taller de Elche.
Pero considerando el conjunto, la cantidad, variedad, calidad y singularidad, la riqueza del conjunto cerámico está por poner en valor.

Crátera ibérica con cabezas masculinas separadas por serpientes ? entrelazadas.
Un ejemplo de la singularidad de muchas de las piezas cerámicas ilicitanas. ¿A qué nos remite?
 ¿Que está representando?

Alejandro Ramos Folqués consagró su vida de erudito a restaurar y dar a conocer estas espléndidas muestras de la artesanía y del arte ibéricos. Hay muchas de ellas que sobrepasan el concepto de decoración, entendiéndolo como proceso encaminado a embellecer o
hacer atractiva la pieza al destinatario, constituyendo de un lado verdaderas obras de arte, y de otro, el más importante, fuentes de información sobre los aspectos menos conocidos de la cultura ibérica, aspectos que llamaré inmateriales: mitos, creencias, religión, deidades, cultos, ritos, simbolismo.

                                              Deidad alada ibérica de La Alcudia de Elche.
El contenido de la decoración de estos vasos es único y el de mayor calidad formal del arte ibérico.

Es decir, una parte sustancial de la colección de cerámica ibérica de la Alcudia de Elche, que debería tener un reconocimiento como Patrimonio de la Humanidad, encierra una información no desvelada sobre esos aspectos no materiales pero esenciales de nuestra cultura original, de la misma envergadura que podría suponer el resto de objetos materiales ibéricos dispersos por tantos otros yacimientos, o el desciframiento de su lengua.

                                 Ave con alas desplegadas rodeada de simbolismo vegetal.
Son muy numerosas las representaciones no naturalistas de aves con alas desplegadas. También las hay aparentemente realistas, junto a liebres, peces, conejos.
 La Alcudia de Elche.
  
Es un libro ilegible que sin embargo vemos y tocamos, posiblemente interrelacionado en el conjunto vascular en los desarrollos de temas, fruto de una misma escuela y taller, vinculado con toda probabilidad a los cultos del templo ilicitano, a la religión ibérica en general, y contestana en particular, de gran originalidad, belleza formal y calidad de ejecución.

                                        Danzantes ibéricos de Elche. Liebres correteando entre ellos.

Insistiré recurrentemente en distintos aspectos de este tema en posteriores entradas. El interés por esta parcela del conocimiento de lo ibérico que tan sucintamente reflejan las fuentes clásicas, cercenado además por el escaso progreso en el desciframiento de su escritura, que por otra parte ha de tener un carácter administrativo, comercial o jurídico en la mayor parte de textos epigráficos recuperados, acentúa el valor de disponer de un registro artístico considerable y variado que nos quiere hablar, sin que sepamos entender, de las creencias de un pueblo.

                                 Lobo, carnassier, monstruo del imaginario ibérico. Elche.

Las representaciones numerosas de carniceros, responden a patrones formales y nos remiten a un mundo de creencias que no sabemos descifrar más que en términos especulativos. El mundo mediterráneo ancestral debe subyacer, pero no siempre es evidente, hay mucho de original.

Cabezas ibéricas halladas en contextos cultuales domésticos de La Alcudia (Ramos Fernández, que las da como representaciones de Artemis Bendis).
Obsérvese la figuración del color de los pómulos en una de ellas, fórmula usada en la conocida imagen de La Pepona o Tonta del Bote. 

Citaré a Ramos Fernández y Olmos Romera, entre otros autores, como parte de ese grupo de investigadores que han entendido el valor de lo que afirmamos. El tema es muy amplio y abierto a la interpretación y aportación desde muchos ángulos. Modestamente me limito a presentar, poco a poco en sucesivas entradas, algunas singularidades, observaciones, sugerencias, motivadas por la curiosidad y mi profunda admiración por quienes levantaron en el torno esas impresionantes vasijas, y por quienes las pintaron queriendo expresar tantas ideas y cosas que el tiempo ha borrado, invitando con ello de paso al lector a visitar mi pueblo, y su Alcudia. Vale la pena.

Pintura vascular ibérica de La Alcudia de Elche. jinete a caballo, tema repetitivo en ámbitos ibéricos. la roseta debajo del caballo, ¿decoración o tutela de la divinidad?
 
Personaje con sagum y encapuchado que precede las honras funerarias del héroe muerto.
La Alcudia de Elche.

Rostrol frontal en terracota aplicada. Cerámica de la Alcudia. De nuevo el recurso a colorear las mejillas. Varios autores han recopilado rostros frontales ibéricos y han buscado desentrañar su sentido.

 

Cabeza de terracota polícroma aplicada tres veces en un pebetero ibero helenístico de Elche.

                                                        Un pebetero ibérico muy singular.



martes, 13 de octubre de 2015

Algunas cerámicas neolíticas del Museo Arqueológico de Alicante


La arqueología prehistórica suele relacionar directamente cerámica e inicio de la agricultura. Al hablar del neolítico es cuando se menciona la aparición de la cerámica. Los especialistas aseguran que en los territorios que hoy llamamos Comunidad Valenciana la ganadería ovina y el cultivo del cereal aparecen , junto a la primera cerámica neolítica con decoración impresa cardial, en el sexto milenio a. C. (Cova de les Cendres y Cova de l'Or).

                                                      Vaso cardial de Cova de L´Or, MARQ. 

Siguiendo a Jaume Coll Conesa  en sus "Apuntes para una síntesis de la cerámica valenciana", sabemos que el
 uso de la arcilla es anterior, sin embargo. El testimonio bíblico nos dice que Yahvé utilizó el barro para crear a la primera pareja humana. El barro sedimentado e hidratado en las cuevas, en charcas, en las orillas de ríos y lagunas, lo hizo accesible al uso directo por el hombre. La plasticidad del barro fue la propiedad del material que permitió esa experiencia directa, pero el secado y endurecimiento natural también. El endurecimiento del barro al fuego cambió muchas cosas en estas sociedades sedentarias.
Como material constructivo lo encontramos ya nueve milenios antes de Cristo, en la antiquísima Jericó.

                                                        Vasos cardiales de Cova de L´Or, MARQ

                      Magnífico vaso decorado con franjas verticales y horizontales realizadas con borde del cardium y dos asas de cinta también decoradas.
 
Las arcillas se obtenían generalmente de depósitos próximos a los lugares de hábitat, y eran seleccionadas según los objetos a fabricar, a partir de la experiencia. A menudo era necesario añadir desengrasantes, elementos que restaran plasticidad a la arcilla, pues no puede trabajarse cuando es en exceso pegajosa, como arena con alto contenido en granos de cuarzo, dolomita, calcita, o materias vegetales, paja desmenuzada, cenizas, estiércol. que eran convenientemente machacados antes de mezclarlos con el barro. Otras veces el barro venía mezclado de forma natural con estas materias.

Charca en depósito de arcillas.
 
Cuenco ovoide argárico de la Illeta dels Banyets, también expuesto en el MARQ, donde se aprecia el desengrasante mineral.
  
Estos aditivos minerales se comportan como los guijarros mezclados en la argamasa, reduciendo los riesgos de rotura en el secado y la cocción, y mejorando la resistencia tanto térmica como física de los objetos. Si los desgrasantes eran orgánicos facilitaban la obtención de pastas más compactas.

Detalle de la decoración de hombro y cuello a base de líneas impresas con el borde y terminadas con la punta o ápice de la concha cardium.



Las asas y pitorros de estas cerámicas cardiales son originales, representativas de una estética pretendida.

 
La confección del vaso se realizaba a mano con diversos procedimientos: abriendo una bola de barro con los pulgares, levantando rollos de arcilla o mediante una horma o soporte para sustentar la parte inferior del vaso, un soporte bien de cestería o madera, media calabaza o un vaso ya cocido, lo más fácil. La aplicación de las asas o pitorros se efectuaba una vez el barro conseguía la dureza del cuero y tras su alisado y acabado superficial. En ocasiones podía recibir también un recubrimiento de engobe realizado con barro muy líquido o con almagre, óxido de hierro rojo. Posteriormente, con el barro aún fresco, la pieza era decorada por impresión , bien con el extremo de una concha de molusco, en general el berberecho (Cardium sp), de borde ondulado, o con otros objetos como cañas cortadas o huesos. Sobre el barro seco se podían practicar incisiones con elementos aguzados duros, punzones de hueso o madera. En algunos períodos la superficie ya seca se bruñía con una piedra de río de superficie suave y compacta antes de su cocción, lo que compactaba su superficie y la volvía brillante .

Subiendo a rollos una pieza campaniforme sobre horma.
 
Bruñendo la misma pieza casi seca.


En el caso de la Cova de l'Or, Gallart ha señalado una evolución técnica de sus cerámicas a lo largo de la secuencia histórica:inicialmente vasos muy delicados, con poco desengrasante mineral y superficies bruñidas ricamente decoradas con impresiones de cardium; después, vasos de arcillas desengrasadas con inclusiones minerales, a veces engobados, destinados a usos más comunes. Esta evolución explica el paso de una utilización quizás ritual a otra eminentemente práctica, al uso cotidiano, que supone la reducción de tiempo en los procesos de fabricación y mejora el rendimiento al minimizar los riesgos de rotura en su cocción y posterior uso.

Tonelete cardial apenas decorado (MARQ). El tono gris mate de la pieza sugiere el añadido de ceniza a la superficie justo antes de secar. Quizás para resaltar las impresiones.

Cuenco neolítico con asa de cinta horizontal. MARQ. esta pieza tiene paralelos en el Museo de Prehistoria de Valencia y en Alcoy, procedentes de Cova de L´Or también, pero con una profusa decoración impresa cardial.

                              Decoración de pequeñas adiciones de barro en series junto al borde.

Entre los yacimientos neolíticos valencianos de habitación destacan los ya enunciados de l'Or y de
Cendres (Moraira, Alicante), la Cova de la Sarsa, la Cueva de la Cocina (Dos Aguas), y la Cova Fosca
(Ares del Maestrat, Castellón), así como los poblados de superficie de Casa de Lara y Arenal de la Virgen
(Villena), Les Jovades (Concentaina), la Macolla (Villena), o la Ereta del Pedregal (Navarrés). Existen
yacimientos funerarios además en la Cova de la Sarsa, La Coveta Emparedada (Bocairent) o la Cova de Dalt.

Gran contenedor de agua neolítico que, hincado en tierra, recogía las gotas de agua destiladas por la roca de la cueva donde se situó para proveer de líquido a pastores y ganados. MARQ



Fragmento de vaso cerámico neolítico de la Cova del Montgó, Xàbia, (MARQ), de cocción oxidante, el cual presenta una decoración con pintura roja, almagra, consistente en series de triángulos alineados horizontalmente e intercalados con líneas en zig- zag.


domingo, 11 de octubre de 2015

Arcillas triásicas de Agost

Las Tres Hermanas.


Hoy he salido al campo a prospectar, por ver si encuentraba alguna arcilla para probar. Estas tierras del sur de Alicante son una paradoja, pues cualquiera diría que con un poco de agua son capaces de producir. La desertización es palpable, la aridez de muchos rincones, extrema. 

Tierra reseca y erosionada al norte de Elche.  
He recorrido la falda de una sierrecita entre Elche y Aspe llamada las Tres Hermanas, calizas bien estratificadas, habitada en la Edad del Bronce, con vistas a La Horna, donde también en aquella edad habitaba una comunidad humana , al Peñón de La Ofra y al Hondón de las Nieves, al sur.

                           La erosión de las escorrentías socava los materiales blandos. Elche.

La tierra es blanca, pedregosa, seca, un espartal calvo donde las escasas lluvias, a menudo torrenciales, socavan muros antiguos, caminos y taludes, un pedregal adornado por algunos algarrobos (que aquí decimos garroferos), y poco más.

                        Conos de deyección, abarrancamientos en margocalizas entre Elche y Aspe.

                                            Vegetación muerta por las sequías endémicas.

Sin embargo, la vista del cielo azul y limpio, y el fuerte aroma del matorral vuelven una y otra vez a encandilar los sentidos del caminante.
 
Cansado de ver esqueletos de plantas y huesos de conejo, decido irme a una zona con más colores.

                                           Difícil sobrevivir a la falta de agua y vegetación.


Al sur del pueblo de Agost, y a levante de la estación del tren, aparecen las arcillas triásicas del keuper, de colores muy vivos. Esta zona, entre La Alcoraya y el Verdegás, atravesada de este a oeste por las vías del tren, es también árida, plantada escasamente de viña ,y abundante en viejas explotaciones de yesos y arcillas, con casitas dispersas y algún perro salteador.

                                                     Cantera de arcillas al sur de Agost

La arcilla aparece como producto de la desintegración en bolas y láminas de rocas más compactas, de varios colores, será eso que llaman arcillas versicolores, en niveles por debajo de limos y cantos cuaternarios de calizas y areniscas, una tierra reseca y blanquecina, a veces algo rosada o anaranjada, que ha llenado estas cubetas con arrastres de las sierras del Cid, del Maigmó, del Ventós... y que da excelentes uvas.

                         El triásico de facies Keuper justo debajo de la cobertera cuaternaria.

                           Una estratificación bien definida, con líneas de falla y multicolor.

 
Formando un bandeado que repite su secuencia de color como una jarapa, arcillas, margas, a veces yesos, llenan el paisaje de tonos amarillos, verdes, azulados, grises, rojo vino, rojo ladrillo, granate.

 
Pueden verse dendritas de pirolusita en el material amarillo.

                                                       Maravillas de la geología.

El material, en el suelo, se desmenuza en montoncitos, lentejas o lascas, como puestos de un mercado de especias. Pero no es fácil encontrarlo en polvo fino. Estas arcillas, aunque se disgregan naturalmente, necesitan ser trituradas para poderlas usar, no se dejan decantar en agua. Servirán para ladrillos, para material de construcción.

                                                  Disgregación de las arcillas y margas.

                                      La fractura se produce por capas como en las cebollas.

                                                           Discordancia de los niveles.

Los vaciados artificiales de las canteras son impermeables, por ser de arcilla, por eso después de las lluvias se forman pequeñas charcas que tardan en evaporarse. El agua de estas charcas hoy está limpia, transparente, verdosa, y con este calor de octubre, apetece bañarse en ellas.

Un paisaje muy hermoso y singular.

                                             Agost,.... o la piscina de los nabateos de Petra.


Agua transparente acumulada en la cantera de arcilla. 

                                                Disfrutar de esta vista ha valido la pena.

                                      Me gusta el arte abstracto. El triásico superior de Agost.
                                      Y una última, esta para el misterio....