jueves, 19 de mayo de 2016

Réplicas de vasos campaniformes.




Réplicas de vasos campaniformes. 





  Impresiones oblicuas a punzón dentado de madera.

En esta entrada me limitaré a mostrar algunos de los últimos vasos campaniformes que he hecho. Los hay del estilo del Acebuchal, como presenté en anteriores entradas, pero también de los estilos denominados marítimo o internacional, o también paneuropeo, y de Ciempozuelos.


Engobando un vaso campaniforme del estilo marítimo.

 
 Los engobes se han compuesto con almagra o manganeso mezclados con arcilla. Los punzones y ruedecillas se han preparado expresamente. El proceso ha sido totalmente manual y siguiendo las técnicas con que debieron fabricarse, excepto la cocción, que ha sido en horno moderno. 

 


 Vasos campaniformes y ajuar lítico. Punta de Palmela en cobre.


Junto a estas réplicas de vasos de distintos estilos, acompaño algunos objetos de ajuar,campaniforme igualmente réplicas. Todos elaborados por el autor, excepto las puntas de flecha de sílex, trabajo de mi amigo J.A Marín: hacha pulimentada en ofita oscura, punzón de hueso, punta de Palmela de cobre, brazalete de arquero en pizarra pulimentada.

Vaso campaniforme con decoración puntillada y rellenos de pasta blanca.

Unas breves notas pueden ayudarnos a reconocer los estilos más característicos de estas cuidadas y muy bellas cerámicas. En el momento que comienza a difundirse la primera metalurgia del cobre, entre el III y el II milenios, se detecta en toda Europa Occidental y central la presencia de una cerámica de unas características muy especiales, que contrasta con sus coetáneas: la cerámica campaniforme. Toma el nombre de su forma típica, un vaso con perfil en ese y forma acampanada. Su máximo desarrollo ha sido fechado entre 2200 y 1700 a.d.C.


Fuente o bandeja campaniforme del estilo del Acebuchal de Carmona.


Se trata de una cerámica bien cocida, con decoración a base de motivos geométricos, efectuados a peine, ruedecilla o puntillados, dispuestos en bandas horizontales, combinando las decoradas con las lisas, (estilo llamado internacional o marítimo), o con impresiones horizontales de cuerda sobre toda la superficie del vaso (estilo cordado), o metopas e incisiones (estilo bohemio).

 Bruñido de un vaso campaniforme del estilo llamado de Ciempozuelos, bandas decoradas mediante incisión.






 Vaso campaniforme con ajuar: punzón de hueso, brazalete de arquero, hacha y azuela pulimentadas, puntas de flecha de sílex y de cobre, láminas.

 

 La decoración incisa en vez de impresa o puntillada, igualmente en franjas horizontales, raspando la capa superficial de engobe bruñido (normalmente almagra), da lugar al estilo llamado de Ciempozuelos.


                                  Detalle de la decoración impresa de un vaso campaniforme.

Las formas características son el vaso, la cazuela plana con cuello, y el cuenco. Los temas decorativos son geométricos sencillos: rayados alternos, verticales u oblicuos, aspas, dientes de lobo (triángulos), ajedrezados, etc. 

           Imprimiendo con punzón en el barro aún fresco. Vaso campaniforme de estilo marítimo.


Dejando de lado la técnica cordada, las demás decoraciones se realizan sobre la arcilla blanda mediante impresión, o raspando el engobe bruñido con el barro más seco (incisión). En la mayoría de los casos, los relieves impresos o incisos de la decoración se rellenan con pasta blanca, contrastando el dibujo con el fondo del vaso. 

                     El mismo vaso ya cocido, coloración rojiza por el engobe de almagra.



                Los punzones se han tallado sobre palitos de madera de tamarindo silvestre.



                                              Decoración de ruedecilla en la parte superior.


                                 Conjunto de vasos campaniformes de tres estilos diferentes.





         Punzonado de un vaso campaniforme sobre cubierta de almagra fresca con ligero bruñido.

sábado, 7 de mayo de 2016

Réplica de algunos vasos campaniformes del Acebuchal de Carmona. Segunda parte.



Réplica de algunos vasos campaniformes del Acebuchal de Carmona. Segunda parte.




Vaso terminado. El original en la Hispanic Society de Nueva York.


La tarea previa comporta recolección de arcillas y desgrasantes, preparación de pastas, engobes y utensilios. Obtención de imágenes ampliadas.
He utilizado pastas de tres tipos: terracota con adición de manganeso, castaño claro calcárea de cuenca sedimentaria neógena (Lorca), amarillenta muy calcárea de la cuenca neógena del Vinalopó.
Desgrasantes. Además de los naturales contenidos en dos de las arcillas mencionadas, básicamente calcáreos, he utilizado, en unos u otros casos, incluso combinados, jumillita con presencia de mica de Jumilla, filitas gris plata de sedimentos finos de la Sierra de Cartagena, polvo volcánico de las dacitas de Carboneras (Almería). La proporción en todo caso ha sido a ojo, buscando un punto de consistencia de la pasta que permitiese el levantado de la pieza a rollo con la plasticidad adecuada. 



Lijado con esparto.


Los granos de los tres tipos de desengrasantes han sido tamizados algo por debajo del milímetro.
Su utilización venía aconsejada por la posibilidad de cocción en hoguera, para mejor resistir el choque térmico, aunque finalmente esta opción ha sido descartada. En todo caso, he constatado la presencia de desgrasantes gruesos en la ficha descriptiva de los vasos campaniformes de La Minilla, en la Rambla de Córdoba, precisamente en vasos de gran delicadeza en su decoración incisa, lo que evidencia un engobado grueso.


Vaso campaniforme puntillado del Acebuchal, de los publicados por Harrison.


También en los fragmentos de Porto Torrâo, Ferreira de Alemtejo, publicados por Jorge Santos, en su blog A Lente Verde, puede apreciarse una pasta con abundante desgrasante de tamaño diverso como soporte de la decoración puntillada o impresa.

Campaniforme de Porto Torrâo, Ferreira de Alemtejo, tomado de Jorge Santos, A Lente Verde.

La mayor resistencia a roturas que supone el uso de abundantes desgrasantes no dificulta el trabajo de impresión si el grano es pequeño. Pero hace muy dificultoso el trabajo inciso, incluso cuando la pasta ha sido cubierta con un engobe. El punzón tropieza con los granos más gruesos y descascarilla el engobe, las líneas son imperfectas.



Decoración incisa de una copa del Acebuchal de Carmona.

En “Moravian bell beakers. A production experiment”, Universidad de Brno, los autores sugieren, tras varios análisis y experimentos, varios aspectos técnicos de interés: una posible doble cocción (reductora primero hasta 600 grados en foso, otra oxidante hasta 900 en horno de doble cámara proto-eneolítico), la reorientación de las partículas visible al microscopio que atribuyen a la técnica del rollo, el uso de óxido de hierro mezclado con arcilla fina como engobe, visible en lámina delgada, el engobado posterior a la impresión, y la incrustación de pàsta blanca (caolín) post cocción. Además, presentan una serie de peines o punzones para puntillar de madera.


Campaniforme puntillado. Engobe gris negruzco sobre pasta castaño. Rebruñido.

El dato del engobado, constatado en cerámicas campaniformes de Olomouc-Slavonín, hay que relacionarlo, a mi entender con dos cuestiones técnicas. Para cerámicas impresas, sobre pastas con desgrasantes, afecta directamente la posibilidad del bruñido, además de dar el color buscado. Pero no sería imprescindible si no se pretende un bruñido muy fino y brillante, ni alterar el color natural de la pasta (bruñido somero en dureza de cuero). En cambio, para decoración incisa, si la pasta contiene desgrasantes apreciables a la vista, el engobado es imprescindible para bruñir, y el bruñido fino es previo a realizar la decoración incisa. Si se pretende obtener un buen bruñido, no es posible hacerlo sobre pasta con mucho desgrasantes en superficie. Los granos son arrastrados y arañan la superficie. Pero el bruñido muy brillante compacta y seca la pasta, reorientando las partículas de arcilla, y dificulta o imposibilita utilizar la técnica de impresión, el barro está demasiado duro. Ese mismo bruñido es óptimo para la técnica incisa. 

Cruz de Malta, campaniforme del Acebuchal.

He utilizado un engobe de arcilla oscura con adición de óxido de manganeso, que, aplicado en dos capas sucesivas a brocha, dota a la superficie de cierta humedad y una capa homogénea que facilita la impresión puntillada a peine. Hay que dejar secar después antes de rebruñir con caña, piedra y trapo de lana, para evitar emborronar la decoración impresa. 


Decorando a punzón. Antigua colección Bonsor.

Los punzones han sido realizados haciendo pequeñas escotaduras en palitos planos de madera.
Para los círculos concéntricos se ha combinado la técnica incisión previa, y sobre la hendidura el puntillado, en ese caso con herramienta de madera de borde curvo, en semicírculo, una aproximación a la ruedecilla alfarera.
Tras el levantado a rollo de la pieza sobre soporte cerámico, en dureza de cuero se ha retocado el borde. En una fase más avanzada de secado se procede mediante una esteca o herramienta metálica (serviría una hoja de Palmela) se procede al raspado, para igualar, quitar bultos, mejorar la simetría.
Tras el raspado, utlizando una madeja de esparto, alisado interior y exterior, produce un lijado fino. A continuación, mediante un trozo de trapo mojado, se extiende la arcilla tapando arañazos, nivelando la superficie en movimientos amplios y rápidos siguiendo las curvas para terminara de alisar y homogeneizar la superficie.

Pulido con cuero sobre el bruñido con canto rodado.

 Por último se da el primer bruñido, combinando caña con piedra pulida en movimientos a veces rotatorios, a aveces en el mismo sentido, según van pidiendo las curvas de la pieza, orientada al reflejo de la luz para poder ver el avance por el contraste mate-brillante.
Tras dos capas de engobe y un suave rebruñido, impresión de la decoración puntillada.
Si la pieza va a tratarse sólo con incisión, el bruñido más enérgico y esperar el secado del engobe.
El pulimentado final, con trapo de lana.


 Dorso de la pieza.

La cocción, por limitaciones técnicas, una sola y oxidante. Una serie se ha cocido a 900 grados, otras piezas, de modo experimental al límite de vitrificación, 710, según lo sugerido por los autores del estudio de las piezas de Monturque.



En cuanto a la adición final de pasta blanca, por incrustación, he optado directamente por hacerla en postcocción, pues con la experiencia de aplicar pasta a piezas crudas demuestra lo fácilmente que se producen borrones de la decoración cuando, al humedecerse, se retira después por raspado el excedente. He utilizado directamente carbonato cálcico, Las citadas experiencia de Brno son también incrustaciones post cocción y a la cal, al hueso molido y al caolín suman el sulfato cálcico (yeso) como opciones.
Bruñido de una tablilla experimental para incrustar pastas blancas.


 Preparando pasta de carbonato cálcico.


Todavía no he visto el resultado de comparar la incrustación en crudo de carbonato de calcio frente a ceniza de huesos, y posterior cocción a 710 grados. Sí he observado, que al retirar el excedente de pasta sobre la plaqueta de arcilla cruda y bruñida, el hueso se va con mayor facilidad, se peierde en parte, siendo la cal más estable para la misma densidad de pasta.

Pasta de ceniza de huesos.

Durante el proceso experimental, he hallado dos pequeños pero interesantes recursos técnicos, al alcance de aquellas gentes del calcolítico, que me han permitido obtener mejores resultados en cuanto al brillo y contraste de las piezas. Pero, no siendo de interés científico, y sí afectando al aspecto final de las piezas, me los quedo para mí. Secreto.

Bruñido espectacular.

Hachas pulimentadas, industria líticca del calcolítico.

viernes, 6 de mayo de 2016

Réplica de los vasos del Acebuchal: aspectos técnicos, primera parte.


Réplica de los vasos del Acebuchal: aspectos técnicos, primera parte.

Para una aproximación a las pastas campaniformes, he seguido el trabajo Características estructurales y mineralógicas de cerámicas campaniformes procedentes de Monturque (Córdoba)”, (J. BARRIOS, J. J. NAVAS, A. LOPEZ-PALOMO).




Pasta de arcilla triásica, desgrasantes recolectados en zonas de metaforfismo.


Monte Sancti Spiritus, La Unión. materiales metamórficos.


El análisis mineralógico de desgrasantes concluyó la existencia de cuarzo y calcita como componentes mayoritarios. Además, en cantidades menores y en proporción variable, micas, feldespatos, cloritas y dolomita. La granulometría distingue dos diámetros dominantes, el fino que acompaña a las arcillas del barro inicial, y el grueso que ha sido incorporado intencionadamente como desgrasante. 


Acuchillado de un vaso a mano.
 
Se advierte que estos desgrasantes no coinciden con las determinaciones hechas para hallazgos de Zamora, donde no aparece el material calcáreo. Concluye que contienen materiales procedentes del Neógeno (propios de la Depresión del Guadalquivir), o del Triásico (identificables por la presencia de cuarzo idiomorfo), y atribuye el origen del material metamórfico (esquistos, cuarcitas) a sedimentos cuya área-fuente debe ser Sierra Morena o Sierra Nevada. 


Depósitos arcillosos triásicos del Verdegás de Agost, Alicante.
 

Las pastas las clasifican, por color, en gris claro, gris, gris verdosa, gris ceniza, gris plomizo, negruzca o negra. Las superficies, por color, en: blanquecino-marfil, gris claro, plomizo, gris oscuro y negro. El bruñido exterior en seis de nueve casos, los otros tres, alisado. El bruñido interior, en un caso.


Erosión diferencial de materiales triásicos ricos en arcillas.



 La decoración, sobre nueve piezas, incisa en cinco casos, puntillado exclusivamente en un caso, en otros dos, y en dos más combinada incisa/puntillada. La combinación de impresiónes puntilladas con el bruñido, se da en dos casos, en otros dos junto al puntillado se da el alisado de la superficie.

                                                Contacto de arcillas rojas y margas grises.


A destacar, por suponer cuestiones técnicas: en todos los casos las pastas van del gris al negro. Esto es difícil de asociar con arcillas de zonas neógenas en cocción oxidante. Las pastas grises pueden obtenerse por adición de manganeso a la arcilla clara, y, comúnmente, aparecen barros naturales oscuros en zonas de metamorfismo (descomposición de pizarras). Podemos entender entonces que el proceso de cocción habrá sido NECESARIAMENTE reductor, incluso valorar una carbonación intencional, cerrando absolutamente el foso de cocción una vez alcanzada la temperatura máxima, para obtener el brillo metalizado de las superficies bruñidas de pastas (rojas, castaño, o clar5as engobadas). 



El bruñido no ha sido obtenido en ambiente reductor, sino por adición de engobes grises y manganeso.
 
Por otra parte, la combinación bruñido-puntillado presenta dificultades técnicas, por lo que el alisado sería el momento de practicar la impresión. Se comentará en la descripción del proceso de réplica experimental. En un caso de los analizados en el trabajo que seguimos, pasta y superficie presentan notable diferencia de gama de color, lo que nos permite abordar la cuestión de los engobes. Se echa de menos la observación, a partir de microscopía de las secciones en lámina delgada, de la existencia o no de capas sobre la pasta. Así como una pared antigua suele presentar un aspecto bien alisado y enlucido al exterior, mientras que interiormente está conformada con piedras irregulares de distintas formas, composiciones y tamaños, la estructura ideal de una vasija que va a ser exquisitamente decorada mediante puntillado e incisión debe ser similar. La pasta contendrá desgrasantes que ayuden a soportar el choque térmico de cocción en foso, mientras que el alisado y bruñido de las superficies exige un acabado fino, muy liso y homogéneo que permita el bruñido y no convierta las líneas de incisión en barrancos quebrados irregulares por la presencia de los clastos.





Cerámica tartésica grosera, con abundancia de desgrasantes. Museo de Sevilla.


 Este aspecto es importante, y afecta además al color del vaso, que no necesariamente coincidirá con el de la pasta. Ya hemos dicho que también la cocción reductora nos llevaría a gamas de grises-negros con pastas de tonalidad rojiza. Los fuertes ahumados con las piezas incandescentes en hoguera tapada producirían a menudo estas carbonaciones brillantes, metálicas, incluso no siendo intencionales.



Bruñido de una copa estilo Acebuchal. Pasta clara calcárea y engobe gris.

La solución del alfarero, en este caso ceramista, es dar una o varias capas finales de engobes finos, cuanto más aptos para el bruñido mejor, libres de arena y gruesos, y que pueden ser negruzcas para propiciar el contraste con el relleno de las incisiones o impresiones de puntillado.


 
Bruñendo con cuero el interior de un cuenco fuente. Decoración incisa y puntillada.


Se puede establecer para Monturque, según estos autores, que las piezas fueron sometidas a un proceso de cocción en el intervalo de temperaturas de 500 a 700°C., sin superar los 710.
Incluiremos una prueba de dureza y color de estas pastas bruñidas a muy bajas temperaturas para obtener información a partir del dato de medición térmica citado.

Incrustación de pasta calcárea en las impresiones puntilladas. Vaso estilo Acebuchal.

Por último, en cuanto a la adición (por incrustación) de pasta blanca para contrastar el dibujo con el color del vaso, se han publicado algunos estudios. Básicamente se trata de responder dos preguntas: el material que se utilizó, y si se aplicaba antes o después de cocida la pieza.
Resumo del trabajo de Odriozola et alt, “Los rellenos de pasta blanca en cerámicas campaniformes y su utilización en la definición de límites sociales.”
El 80% de las incrustaciones son de color blanco, que puede obtenerse de huesos, rocas calcáreas, caolinita, margas o feldespatos. Para Pajares de Adaja (Avila) y Fuente Olmedo (Valladolid) se utlizó carbonato cálcico. La presencia de cal en la mayor parte (32) de muestras estudiadas propició la hipótesis de que pudiera proceder de una actividad post deposicional, en concreto absorción del carbonato a partir del agua de lluvia que impregna el estrato.
Para los campaniformes del Guadiana Medio se determinó el uso del hueso molido., probablemente empastado con agua o grasa. los apatitos biológicos, contenidos en los huesos, están presentes en una proporción de 9 a 1 frente a la cal.

Tabla de pruebas de incrustación de pastas blancas. temperatura de cocción, según los trabajos del grupo de Monturque.


La Unidad de Arqueometría de la Universidad de Santiago, ha estudiado también la caracterización de pastas blancas incrustadas en campaniformes gallegos, trabajos iniciados antes por Prieto, concluyendo que las materias utilizadas como pasta incrustada siempre son distintas de la propia pasta cerámica del vaso, y recolectadas en un radio no mayor a 7 kilómetros desde el lugar donde se produjeron las cerámicas, según apuntaba ya un análisis de 289 piezas prehistóricas de la comarza de Deza-Ulla. Sobre este particular se realizará la siguiente experiencia. Sobre una placa de pasta con la terminación adecuada, se decorará con incisión y puntillado la superficie, rellenándose una zona delimitada con hueso molido y la otra con cal, y efectuándose una cocción a 700 grados de temperatura, límite de los análisis de Monturque.
Se repetirá la experiencia sobre un fragmento ya cocido, para comprobar la resistencia al lavado y manipulación de ambas soluciones utilizándose algún aglutinante.

Limpiando los sobrantes de pasta de cal.

Consideraciones previas a la réplica de los vasos campaniformes del Acebuchal

Algunas consideraciones arqueológicas previas a la réplica de los vasos campaniformes del Acebuchal de Carmona.


Preparando arcilla triásica en este caso.


Intentar la reproducción de algunos de los famosos vasos hallados por Bonsor en la finca El
Acebuchal de Carmona presenta varios aspectos del mayor interés. Por una parte, son un prototipo del campaniforme peninsular.
Son además una cita clásica y obligada de la arqueología española al tratar del campaniforme.
Están en Nueva York, pues fueron vendidos por Jorge Bonsor a la Hispanic Society of
America.
Alisado interior con esparto.
Su descripción es parcial en la bibliografía. He utilizado las fichas de la Samuel H. Kress Foundation, que recogen dos vasos campaniformes, una copa y un cuenco, faltando al menos el peso, la descripción más amplia de las pastas, en especial presencia o no de desgrasantes y su determinación, y la técnica de decoración, que solo se cita someramente y no en todos los casos, no apreciándose suficientemente en las fotografías.
Algún otro vaso que puede verse fotografiado en internet ofrece dudas sobre el lugar preciso de su hallazgo, mencionándose Los Alcores.
Finalmente, las láminas de Harrison, recogidas por M.E. Aubet en su "Tartessos", han sido el material de trabajo.
Algunas fotografías de los hallazgos campaniformes alentejanos de Ferreira, Porto Torrào, han sido útiles por su detalle para visualizar secuencias de la impresión de peines y desgrasantes de las pastas.

Fragmento de cerámica tartésica con gran clasto de cuarcita. Museo de Sevilla.


El contexto de los hallazgos de Bonsor no fue publicado.
Recientemente (2009) han viajado a España en una exposición notable, El tesoro arqueológico de la Hispanic Society of America.
Replicarlos plantea dificultades intrínsecas relacionadas con varios aspectos de las técnicas
decorativas del proceso, no abordados en la bibliografía.
Parece obligado recapitular la información relativa al hallazgo estos vasos del Acebuchal, hoy en la HSA.

Puntillado del campaniforme marítimo en un vaso de Los Millares, Museo de Almería.

Un breve comentario sobre el problema de la técnica mixta inciso/puntillado, en su aspecto arqueologíco ayudará a dimensionar la repercusión del problema.
Por fin, en una entrada posterior, para describir el proceso de réplica de los vasos, se comentará sobre las pastas, los desgrasantes, engobes, útiles para su modelado y decoración, la dificultad de combinar bruñido y técnica impresa-puntillada, unas consideraciones sobre los rellenos de pasta blanca, con referencia a las últimas investigaciones en este punto, una experiencia de uso de cal o hueso antes y después de la cocción, además de problemas de la secuencia del proceso, para finalizar con temperatura y modo de cocción.

Técnica incisa de exquisita calidad. Vaso de La Rambla, Museo Arqueológico de Córdoba.


En el artículo “El yacimiento del Acebuchal de Carmona, un análisis de las estructuras calcolíticas a través de los escritos inéditos de J. Bonsor e historiografía”, (M. Lazarich, I. Ladrón de Guevara, M. Rodríguez de Zuloaga y M. Sánchez Andreu), se intenta ordenar, a partir del diario y anotaciones de Bonsor, el material autógrafo que ayude a identificar y contextualizar, entre otras cosas, los hallazgos de los magníficos vasos vendidos a la Hispanic Society. El excavador no publicó las excavaciones en el Acebuchal realizadas entre 1908 y 1911.

  Arcilla compacta
Materiales metamórficos útiles como desgrasantes, Sancti Spiritus, La unión.


 Fue su artículo "Les Colonies agricoles pré-romaines de la vallée du Bétis" el que dio a conocer la importancia de un yacimiento con materiales orientalizantes y otros prehistóricos, catalogados con la precariedad de conocimientos del momento. La excavación de estructuras de cabañas y pozos que denominó inicialmente silos, arrojaron una serie de materiales entre los que se cita la cerámica con decoración puntillada y la bruñida lisa, ambas a mano. Parece que tuvo Bonsor gran interés por localizar vasos completos, pues había adquirido de R Pérez tres vasos completos, que procedían de la parte alta de El Acebuchal y de sus alrededores. Y es en este punto donde las anotaciones, referidas a momentos diferentes en el tiempo, con imprecisiones en la atribución cultural y cronológica de lo hallado, son confusas y asistemáticas.

Alisado en húmedo.


Fue en lo que denominó silos próximos a los túmulos centrales del yacimiento donde Bonsor por primera vez, halló fragmentos de cerámica campaniforme, que designó como de "decoración puntillada. En los alrededores aparecieron numerosos vestigios de cabañas u hogares. Debajo de el nivel de detrito localizó hasta veintidós pozos o silos, de los que describió siete en sus notas, encontrando dos vasos completos en uno de ellos.

Aplicación de engobe gris sobre pasta clara.

Las sucesivas excavaciones se dedicaron a la búsqueda del lugar o lugares donde aparecieran los vasos completos de "cerámica con dibujos geométricos puntillados rellena de pasta blanca (...)", que R. Pérez le había vendido, reconociendo que supo más tarde que la mayor parte de las cerámicas “eneolíticas” que se han encontrado no proceden de este lugar o entorno, sino del otro lado del Puerto de El Acebuchal, al lado de los grupos de túmulos explorados por Peláez, en la parte alta de los Alcores." Allí excavó fondos de cabaña en 1909, y afirmó: "... en esta tierra, cerca de los muros de piedra, se encuentran escondidas las más bellas piezas de cerámica de decoración geométrica."
La venta a Huntington, de la Hispanic Society, de varios de estos vasos, entre otros objetos, conformando tres lotes, conllevó su salida de España.

Bruñido de un cuenco campaniforme.


El vaso campaniforme representa la primera gran colonización cultural en el occidente europeo, con una cronología que va del tránsito del tercer al segundo milenio a. C. hasta mediados de éste. A su estudio de han ligado cuestiones arqueológicas fundamentales, y las técnicas de decoración, configuradoras de prototipos, no son despreciables. 


Bruñido de una réplica campaniforme del Acebuchal.


Ya el profesor Maluquer de Motes, en el contexto de su artículo Nuevos hallazgos de la cultura del vaso campaniforme en la meseta”, hizo notar, hablando de los sepulcros zamoranos de Los Pasos y El Pago de la Peña, y siguiendo a Castillo, que: “el problema se centra precisamente sobre esa dualidad de técnica decorativa: la puntillada y la de Ciempozuelos (refiriéndose a la incisa)... Parece ser que en determinado momento ambos tipos de decoración coexisten, pero no queda bien claro cuál es el primero que aparece, ni son totalmente contemporáneos en su desarrollo y evolución. 

Bruñendo un vaso campaniforme puntillado.
 
La cuestión, desde la perspectiva arqueológica, es: si "ni siquiera alcanzamos a presentar con seguridad la posición cronológica relativa entre los diversos tipos de vasos campaniformes peninsulares"... con ello desaparece el único argumento que existía sobre la posibilidad del origen español del vaso campaniforme. Veremos como esa dualidad técnica presenta problemas también de índole técnica en el proceso de elaboración de los vasos.

Incrustación de pasta blanca en una réplica del Acebuchal.

También los arqueólogos siguen planteándose la cuestión de los usos de estos vasos singulares; el trabajo de Elisa Guerra, “Sobre la función y el significado de la cerámica campaniforme, a la luz del análisis de contenidos”, recoge cuatro usos constatados: el consumo de bebidas alcohólicas (durante la celebración de banquetes ceremoniales de exaltación masculina), identificando residuos de cerveza e hidromiel en unos cuantos ejemplares. Otros se usaron como vasijas-horno para reducir el mineral de cobre. En otros se han detectado restos de alimentos, y , por fin, algún ejemplar se empleó también como urnas cineraria. La autora considera que en todo caso existe una conexión cultural o ideológica entre ellos, que los caracteriza como vasos rituales.

Bruñido interior con piel.