domingo, 7 de mayo de 2017

Prospección de arcillas eocenas: la cantera de los Morteros en Aspe.

Prospección de arcillas eocenas: la cantera de los Morteros en Aspe.


Paisajes de La Garganta de Aspe.

Desde Aspe hacia Crevillente discurre la carretera por el paraje denominado La Garganta. Antes de llegar a las Amoladeras, hacia Levante, se abre una cantera de margas y arcillas de gran tamaño, abandonada no hace mucho, conocida como de Los Morteros.


Margocalizas, margas, arcillas, areniscas y calizas en la cantera de Los Morteros de Aspe.

Dos enormes bocados en el terreno, y alguno más pequeño, configuran básicamente el espacio desnudado por la actividad extractiva. En los fondos de las hondonadas, la condición impermeable de las arcillas ha retenido aguas pluviales y ha conformado en ecótopo de charca, con avifauna de paso, limícola. Crecen cañas, tarays, el carrizo. El lugar es frecuentado por cazadores.


Charcas con tarays y carrizos son refugio de aves de paso.

El paisaje es árido, acarcavado con abarrancamientos y erosión diferencial.
El recurso que se aprovecha en esta cantera es la arcilla que se destina, tras mezclarse con otras clases de arcilla, a fabricar ladrillos de cerámica para la construcción.
La potencia de la capa arcillosa alcanza en el fondo de a cantera unos 40 metros. El sistema de explotación empleado es a "cielo abierto", con bancos descendentes y talud forzado.

Cantera de los Morteros. la Garganta, Aspe, Alicante.

Margas y calizas terciarias rodean y se entrecruzan por todas partes en la zona de explotación. Destacan dos colores predominantes: el gris claro de las margocalizas, y el amarillento de las calizas y areniscas, a menudo recubiertas de abundante fauna de foraminíferos planctónicos, nummulites y assilinas como géneros. Se encuentran, además, erizos fósiles y macroforaminíferos bentónicos. Los paleontólogos han asignado estas margas al Eoceno medio, interpretándolas como depósitos de cuenca, de carácter pelágico, que recibían periódicamente aportaciones turbídicas.


Calizas y areniscas nummulíticas salpican la cantera. Pertenecen al Eoceno Medio.

Hay abundantes montones de tierras de escasa altura, quizás frentes bajos de explotación muy lavados por las lluvias, de un color pardo a verdoso, sin vegetación, surcados de pequeñas fisuras y algunas laminitas de yesos, que dan al paisaje un tercer tono.


Arcillas y margas pardas y verdosas. Aspe.

Recogemos muestras de tres puntos para comprobar sus colores y propiedades como arcillas para uso artesanal, manual o a torno: grises azuladas, verdosas y pardas.


Arcilla gris.

El verde debe indicar la presencia de glauconita. Los amarillentos comportan presencia de algún óxido de hierro, visible en las bancadas de calizas blanquecinas duras de fractura concoide. El pardo quizás se origine por la mezcla de ambas, o por la alteración de la glauconita.


Margas del Eoceno de Aspe.

Otro mineral, esporádicamente presente en las fisuras de las calizas a techo, es la celestina, el sulfato de estroncio, que aparece en cristales agregados en abanico o círculos.


Cristales de celestina, sulfato de estroncio, formando abanicos en las cavidades de algunas calizas.

Salir al campo, aunque sea visitar una cantera abandonada, siempre me invita a observar lo que nos rodea. Dejando de lado la variada y sorprendente floración primaveral, me detengo en unos montones de ladrillos rojos mal cocidos y rotos que alguien dejó en algunos puntos, junto al camino, con la más que probable intención de fragmentarlos con la pala excavadora para cubrir los caminos por donde transitaban las máquinas, dándoles así compacidad y evitando el pegajoso barro de las lluvias. 



Aspecto oqueroso de una cerámica sobrepasada de temperatura en horno.

Algunos de estos elementos para la construcción están sobrepasados de temperatura en el horno, se han deformado y ennegrecido, en algunos casos transformado en materia oquerosa o recubierto de un vitirficado de formas caprichosas.


El color rojo ha pasado a violáceo y la superficie se ha llenado de burbujas por sobre exposición al calor en el horno. 

También me ha llamado la atención una voluta fósil de Cerythium Giganteum, arrastrada por las lluvias.

Voluta de Cerythium giganteum, Aspe. calizas de foraminíferos. Eoceno Medio.

He podido ver filoncillos de yeso fibroso, de en torno a un centímetro de espesor, a veces muy brillantes, y otros rellenados por óxido de hierro en las calizas, que presentan una estructura de lineas rectas y paralelas.


Filoncillos de yeso en las margas. Aspe.


Calizas tableadas en el fondo de una torrentera. aspe.

 La disyunción de las rocas es a veces muy didáctica, formando ángulos bien definidos en placas de calizas blancas o de hábito columnar en calizas grises.


Yeso especular entre las margas. Aspe.


Calizas margosas grises. disyunción columnar.


Filoncillos de óxido de hierro en las calizas. disposición recta y paralela.

Desde la cantera se avista el Murón de la Horna, un hito geológico blanco de origen recifal en medio de la llanura fértil y salpicada de casas de campo, con un poblado de la Edad del Bronce del mismo nombre, y la cima apenas asomando del Peñón de la Ofra, una zona más umbría y con vegetación abundante.


Murón de La Horna, Aspe. Poblado del Bronce.

Cima del Peñón de la Ofra, Aspe.

Ahora diluiré en agua las muestras después de tamizarlas, las decantaré sucesivas veces para ir eliminando el exceso de agua y, una vez en el punto de secado adecuado, realizaré pruebas de elaboración de cerámica a mano y a torno para verificar su color y comportamiento. Una buena excusa para combinar el trabajo del taller con el siempre grato momento de salir un domingo al campo en busca de arcillas diferentes.


Calizas con foraminíferos de Aspe.